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Precisamente por la importancia de este tipo de
exportaciones, es que un grupo de
multidisciplinario compuesto por la coordinadora del proyecto, la Dra.
Caterina Guzmán Verri de la Universidad Nacional
(UNA), el Dr. Elías Barquero Calvo también de la
misma institución, la MSc. Olga Rivas
Solano y la MSc. Claudia Zúñiga Vega de la Escuela de
Biología del TEC y el Doctor Norman Rojas Campos de la Facultad de
Microbiología de la Universidad de
Costa Rica (UCR). Estos investigadores estudian y desarrollan protocolos para
mejorar el diagnóstico de la enfermedad llamada “brucelosis”, que ataca no
sólo a poblaciones bovinas sino que también a mamíferos como: ovejas, cerdos, cabras caballos, ballenas, delfines e incluso humanos.
El género bacteriano Brucella está constituido por
nueve especies y cada una presenta un alto grado de preferencia por su
hospedero natural. Así por ejemplo B.
melitensis afecta cabras, B. suis
afecta cerdos, B. abortus afecta
vacas, B. canis afecta perros, B. ovis afecta ovejas, B. ceti y B. pinnipedialis afectan mamíferos marinos. Todas las especies de
Brucella antes mencionadas son capaces de causar enfermedad en los seres
humanos.
El
proyecto y sus antecedentes.
El proyecto que se denomina “Elaboración de un
protocolo para la identificación de bacterias del género Brucella que
representan un riesgo para la salud pública, veterinaria y la vigilancia
epidemiológica en Costa Rica.”, dio
inicio hace un año, bajo el aporte de los Fondos FEES y concluye en el año 2011.
Estos investigadores, consideraron de suma
importancia desarrollar un proyecto de este calibre dado que en Costa Rica,
no existe una técnica de referencia que permita distinguir a las diferentes
especies de Brucella.
Por ejemplo, el porcentaje de brucelosis en la población bovina de América Central , se
estima ronda entre un 4% y 8%, con pérdidas económicas cercanas a los $25
millones de dólares por año, debido a los abortos que se producen y a que
los animales que están enfermos deben ser sacrificados.
Las especies animales de vida silvestre que porten
esta enfermedad son otro punto importante de considerar según las investigadoras,
ya que al haber pocos controles migratorios, si existe algún animal
contagiado y llega a nuestro país o
viceversa, podrían diseminar la enfermedad.
En los seres humanos, esta enfermedad, se transmite
a través del proceso de zoonosis, es decir que puede ser adquirida mediante
la inhalación, ingestión, contaminación de mucosas o penetración de la piel
con material infectado por algún animal que transporte la bacteria, o productos lácteos no
pasteurizados.
El caso de los delfines o ballenas que encallan en
nuestras costas es otro ejemplo de lo
peligroso que puede ser el no tener la información adecuada respecto al
manejo y tratamiento de esta
enfermedad. Zúñiga y Rivas, comentan que algunos de ellos, cuando encallan
podrían estar contagiados con la bacteria. Sin embargo cuando el animal llega
a la costa las personas tienen la creencia que se deben devolver al océano, y
el simple hecho de estar cerca del animal infectado y respirar, podría
contagiar a los seres humanos, ya que la bacteria ingresa al cuerpo humano a
través de la vía respiratoria.
Según la Organización Mundial
de la Salud se conoce la brucelosis en humanos como la zoonosis más extendida
a nivel mundial. Se estima que 500 000 nuevos casos en humanos enferman por
año en todo el mundo, e incluso la cifra “se considera conservadora, debido
principalmente a que la mayoría de los casos se presentan en países en
desarrollo, donde los registros de salud son incompletos” de acuerdo a las
investigadoras.
En algunos casos, los pacientes son considerados
hipocondríacos debido a que los síntomas que puede presentar una persona
enferma de brucelosis son muy variados y difusos y se puede pasar sin un
diagnostico certero incluso por años. Entre la sintomatología que se puede
manifestar se encuentran: dolor muscular, malestar general, dolor de cabeza,
vómito, artritis y fiebre de forma intermitente. Además, la enfermedad puede
complicarse, llegando a ocasionar fiebre y fatiga crónicas, lesiones óseas y
articulares, encefalitis, endocarditis infecciosa e incluso meningitis.
La
investigación continúa
A pesar de todos los riesgos que la bacteria
representa tanto para la salud animal como humana, existe otro obstáculo que debe ser superado, y es que
según comentó la
máster Rivas, las técnicas tradicionales de identificación
de bacterias de este género, no poseen un buen poder de discriminación entre
especies porque se basan en características fenotípicas, lo que hace difícil
determinar con exactitud de qué especie se trata, puesto que existe entre
ellas una gran similitud tanto fenotípica como genotípica.
Por ejemplo las especies B. suis, B. melitensis, B. abortus y B. canis, derivan de un
ancestro común de forma prácticamente clonal, de modo que el material genético
de las mismas presenta un 98% de identidad.
Al ser las diferencias tan sutiles entre las
especies, la principal característica que las distingue es la preferencia por
su hospedero natural, de modo que las
técnicas que se utilizan para identificarlas son muy especializadas.
Las investigadoras alegan que con este proyecto, lograrían que se
concientice y se alerte a la población sobre los riesgos que un mal manejo de la enfermedad podrían
ocasionar, además que ayudarían al personal de salud a tomar las medidas
necesarias para controlar la infección, ya sea desde el punto de vista del
tratamiento para el paciente, para la instauración de medidas sanitarias
efectivas e incluso para prevenir la propagación de la enfermedad.
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