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Boletín N˚ 97 – Agosto 2010

 

TEC contribuye a concientizar a la población acerca de la Brucelosis en nuestro país

 

·         A la fecha no existe ninguna vacuna  para la prevención de la brucelosis en seres humanos.

 

Ana Sofía Mata

Redactora

smata@itcr.ac.cr

 

La investigación es una rama poco apoyada en el país, donde solo se destina el 0,38 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) para la formación de investigadores, mientras que en los países de América Latina es del 0,53 y en los países desarrollados hasta de un dos por ciento.

 

En Costa Rica se comercializan alrededor de  80 millones de kilos de carne bovina por año y sus exportaciones generan más de US$35 millones anuales; lo que  representa casi el 20% del valor total de las exportaciones del sector pecuario y pesca, de acuerdo a cifras de la Corporación Ganadera, CORFOGA.

12 Brucella

La MSc. Olga Rivas Solano y la MSc. Claudia Zúñiga Vega de la Escuela de Biología del TEC, quienes forman parte del proyecto de investigación sobre “Elaboración de un protocolo para la identificación de bacterias del género Brucella que representan un riesgo para la salud pública, veterinaria y la vigilancia epidemiológica en Costa Rica.

 

 

Precisamente por la importancia de este tipo de exportaciones, es que un grupo de  multidisciplinario compuesto por la coordinadora del proyecto, la Dra. Caterina Guzmán Verri de  la Universidad Nacional (UNA),  el  Dr. Elías Barquero Calvo también de la misma institución,   la MSc. Olga Rivas Solano y la MSc. Claudia Zúñiga Vega de la Escuela de Biología del TEC y el Doctor Norman Rojas Campos de la Facultad de Microbiología de  la Universidad de Costa Rica (UCR). Estos investigadores estudian y desarrollan protocolos para mejorar el diagnóstico de la enfermedad llamada “brucelosis”, que ataca no sólo a poblaciones bovinas sino que también a mamíferos como: ovejas,  cerdos, cabras caballos, ballenas,  delfines e incluso humanos.

 

El género bacteriano Brucella está constituido por nueve especies y cada una presenta un alto grado de preferencia por su hospedero natural. Así por ejemplo B. melitensis afecta cabras, B. suis afecta cerdos, B. abortus afecta vacas, B. canis afecta perros, B. ovis afecta ovejas, B. ceti y B. pinnipedialis afectan mamíferos marinos. Todas las especies de Brucella antes mencionadas son capaces de causar enfermedad en los seres humanos.

 

El proyecto y sus antecedentes.

 

El proyecto que se denomina “Elaboración de un protocolo para la identificación de bacterias del género Brucella que representan un riesgo para la salud pública, veterinaria y la vigilancia epidemiológica en Costa Rica.”,  dio inicio hace un año, bajo el aporte de los Fondos FEES y concluye en el  año 2011.

 

Estos investigadores, consideraron de suma importancia desarrollar un proyecto de este calibre dado que en Costa Rica, no existe una técnica de referencia que permita distinguir a las diferentes especies de Brucella.

 

Por ejemplo, el porcentaje de brucelosis en  la población bovina de América Central , se estima ronda entre un 4% y 8%, con pérdidas económicas cercanas a los $25 millones de dólares por año, debido a los abortos que se producen y a  que  los animales que están enfermos deben ser sacrificados.

 

Las especies animales de vida silvestre que porten esta enfermedad son otro punto importante de considerar según las investigadoras, ya que al haber pocos controles migratorios, si existe algún animal contagiado y llega a nuestro país o  viceversa, podrían diseminar la enfermedad.

 

En los seres humanos, esta enfermedad, se transmite a través del proceso de zoonosis, es decir que puede ser adquirida mediante la inhalación, ingestión, contaminación de mucosas o penetración de la piel con material infectado por algún animal que transporte  la bacteria, o productos lácteos no pasteurizados.

 

El caso de los delfines o ballenas que encallan en nuestras costas es otro  ejemplo de lo peligroso que puede ser el no tener la información adecuada respecto al manejo y tratamiento de esta  enfermedad. Zúñiga y Rivas, comentan que algunos de ellos, cuando encallan podrían estar contagiados con la bacteria. Sin embargo cuando el animal llega a la costa las personas tienen la creencia que se deben devolver al océano, y el simple hecho de estar cerca del animal infectado y respirar, podría contagiar a los seres humanos, ya que la bacteria ingresa al cuerpo humano a través de la vía respiratoria.

 

Según la Organización Mundial de la Salud se conoce la brucelosis en humanos como la zoonosis más extendida a nivel mundial. Se estima que 500 000 nuevos casos en humanos enferman por año en todo el mundo, e incluso la cifra “se considera conservadora, debido principalmente a que la mayoría de los casos se presentan en países en desarrollo, donde los registros de salud son incompletos” de acuerdo a las investigadoras.

 

En algunos casos, los pacientes son considerados hipocondríacos debido a que los síntomas que puede presentar una persona enferma de brucelosis son muy variados y difusos y se puede pasar sin un diagnostico certero incluso por años. Entre la sintomatología que se puede manifestar se encuentran: dolor muscular, malestar general, dolor de cabeza, vómito, artritis y fiebre de forma intermitente. Además, la enfermedad puede complicarse, llegando a ocasionar fiebre y fatiga crónicas, lesiones óseas y articulares, encefalitis, endocarditis infecciosa e incluso meningitis.

 

La investigación continúa

 

A pesar de todos los riesgos que la bacteria representa tanto para la salud animal como humana, existe otro  obstáculo que debe ser superado, y es que según comentó la máster Rivas, las técnicas tradicionales de identificación de bacterias de este género, no poseen un buen poder de discriminación entre especies porque se basan en características fenotípicas, lo que hace difícil determinar con exactitud de qué especie se trata, puesto que existe entre ellas una gran similitud tanto fenotípica como genotípica.

 

Por ejemplo las especies B. suis, B. melitensis, B. abortus y B. canis, derivan de un ancestro común de forma prácticamente clonal, de modo que el material genético de las mismas presenta un 98% de identidad.

 

Al ser las diferencias tan sutiles entre las especies, la principal característica que las distingue es la preferencia por su hospedero natural,  de modo que las técnicas que se utilizan para identificarlas son muy especializadas.

 

Las investigadoras alegan que  con este proyecto, lograrían que se concientice y se alerte a la población sobre los riesgos que  un mal manejo de la enfermedad podrían ocasionar, además que ayudarían al personal de salud a tomar las medidas necesarias para controlar la infección, ya sea desde el punto de vista del tratamiento para el paciente, para la instauración de medidas sanitarias efectivas e incluso para prevenir la propagación de la enfermedad.

 

La especie comúnmente aislada en Costa Rica es B. abortus, principalmente de bovinos, humanos y esporádicamente de perros y caballos.

 

Por su parte, B. suis, B. canis y B. ceti también se han encontrado en nuestro país.

El descubrimiento de las brucelas de origen marino es reciente por lo que sus mecanismos de patogénesis aún no han sido esclarecidos.

 

En los seres humanos B. melitensis provoca síntomas más severos que el resto de las otras especies. A la fecha no se ha encontrado en nuestro país pero se informa de su presencia en Guatemala y se sospecha que también podría estar en Panamá, lo que aumenta el riesgo de que ingrese al país en cualquier momento.

 

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