|
La lluvia
ha vuelto, y con ella los problemas por inundaciones y deslizamientos que
generalmente acompañan a esta época del año. Las consecuencias, de acuerdo
con la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), se traducen en la afectación a
la seguridad y a la vida de las personas, pérdida de bienes (viviendas
cultivos), daños en infraestructura pública (caminos, puentes, acueductos,
líneas eléctricas), pérdida temporal o permanente de fuentes de trabajo y
reducción de la biodiversidad, entre otros.
|

Muchas
de las inundaciones que se presentan en la provincia de Limón no son
reportadas por los vecinos, quienes se “acostumbraron” a vivir con estas
amenazas, ya que su situación parece no resolverse.
|
|
Nelson
Arroyo, académico de la Escuela de Ciencias Geográficas, realizó una
investigación titulada, “Análisis de la incidencia espacial de inundaciones y
deslizamientos por provincias y cantones entre el 2000 al 2006”, con el objetivo de
precisar soluciones integrales para tareas de prevención.
“El
impacto por eventos naturales ha ido en ascenso constante. La conversión de
tierras hacia usos urbanos no parece detenerse, ante las pérdidas por
deslizamientos e inundaciones se recurre a obras de mitigación estructurales de vigencia cuestionable en
función del costo que representan. Este círculo vicioso parece no tener fin,
ya que a mayores daños, más pérdidas y mayor uso de recursos económicos para
lograr una estabilización”, comentó Arroyo.
La
identificación y caracterización de sectores en donde los impactos por
inundaciones y deslizamientos tuvieron y siguen teniendo impacto, puede
explicarse por variables principalmente naturales, pero la aparición de
nuevas áreas afectadas son la evidencia de un deterioro ambiental que se
produce por la ausencia o ineficacia de regulaciones.
De
acuerdo con Arroyo, estas situaciones reflejadas en parte por la
desestabilización de taludes para construir carreteras y viviendas, así como
la deforestación en cuencas hidrográficas, requieren ser focalizadas técnicas
y administrativamente para así
analizar la congruencia de variables susceptibles de incorporarse en el
planteamiento futuro de usos de la tierra.
San
José primer lugar
La vulnerabilidad
de los cantones se identificó por medio de los reportes realizados a la CNE.
La provincia de San José registra la mayor cantidad de sucesos y de acuerdo
con Arroyo existen varias explicaciones, entre ellas que es el área de mayor crecimiento urbano
demográfico y de servicios y hacinamiento habitacional en extensas áreas
marginales. “Como resultado de esta concentración urbana se eleva la
fragilidad de terrenos cuya capacidad de carga es sobrepasada por usos no
apropiados “. Además, esta área posee
las mayores facilidades en cuanto a comunicación, transporte e interconexión
vial, lo cual facilita el acceso y la atención por parte de los comités de
emergencia, así como el registro de los eventos atendidos.
Para
la totalidad de los años analizados, la provincia de San José reportó una
mayor incidencia de inundaciones y deslizamientos en su jurisdicción. En el
caso de la primera amenaza, solo superó a la segunda en el año 2001, mientras
que para el resto, los deslizamientos, ostentaron no solo la mayor noticia a
nivel de esa provincia sino a nivel nacional. Puntarenas posee el segundo
lugar en cuanto al gran total de reportes por inundaciones en los años bajo
análisis, mientras que Guanacaste, el último. De los aspectos generales que
el trabajo destaca, se observa una referencia a eventos en los cantones
centrales de las provincias, situaciones que acontecen en San José,
Puntarenas, Heredia, Cartago y Limón. En Alajuela, el cantón central es el
segundo, siendo Liberia en Guanacaste, el único cantón central que no se
ajusta a esta tendencia. El cantón de Desamparados, con 118,26 Km2, 5% de la
población del país y ocupante del 0,23% de la extensión territorial, es la
unidad administrativa de mayor mención para todos los años analizados.
Para
Puntarenas, Alajuela, Heredia y Cartago, las transformaciones asociadas al
crecimiento urbano y de servicios, representa un factor para el incremento de
las inundaciones. “Cantones centrales y urbanos se incorporan a la lista de
áreas afectadas, es posible que esta situación se relacione con la
ineficiencia o ausencia de lineamientos en el campo del ordenamiento urbano,
cuya implementación y seguimiento depende de las municipalidades”.
El
año de mayor incidencia es el 2005, cuando las inundaciones de cuadriplicaron
con respecto al 2002. A
partir de 2002 se inicia una tendencia creciente que culmina con un pico de
sucesos en el 2005 para luego marcar un fuerte descenso en el 2006.
Acostumbrados
a la adversidad
En el
caso de Limón, ocupa el penúltimo lugar por provincias en cuanto a noticias
de inundaciones. “Algunas poblaciones situadas en sectores tradicionalmente
afectados por inundaciones, aprenden a convivir con la amenaza, primero
porque estos eventos forman parte de su cotidianidad y segundo porque este
diario vivir no parece resolverse. De ahí se deriva el que muchos de estos
eventos no se reporten, a no ser que revistan efectos extraordinarios por la
magnitud de los daños”.
Guanacaste
por su parte, presenta un periodo seco muy marcado y las ciudades que
presentan inundaciones son Cañas y Filadelfia. En la primera, el sector con
mayor impacto lo constituye un caserío cercano a la carretera Interamericana,
mientras que en el segundo, sí se registran daños recurrentes en la planta
urbana, que cabe mencionar, se encuentra protegida por un dique.
|