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Boletín N˚ 95 –
Junio 2010
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Ciencia y desarrollo: lecciones desde
Brasil
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Luisa Massarani
18 junio 2010 | EN
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Brasil debe
asegurar que su apoyo a la ciencia sea un compromiso a largo plazo, y no se
restrinja sólo al mandato de un gobierno en particular.
Es un buen momento para ser un
científico en Brasil. La ciencia ha tenido una alta prioridad durante la
mayor parte de la última década, y en particular durante el mandato del
presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Desde 2003, por ejemplo, tanto el
presupuesto de ciencia del país, como el número de becarios de investigación
en las universidades brasileñas se han más que duplicado.
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Bajo el mandato del presidente
Lula da Silva, el presupuesto brasileño de ciencia se ha más que duplicado.
Ministerio de Ciencia y Tecnología (Brasil).
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No fue una
sorpresa, por lo tanto, que el mes pasado Lula fuera recibido con una ovación
de pie al hablar ante la Conferencia Brasileña de Ciencia, Tecnología e
Innovación, en Brasilia (26 a 28 de mayo), en la que participaron unas 4.000
personas.
La
conferencia se centró en el papel de la ciencia, la tecnología y la
innovación en la promoción del desarrollo sostenible, abordando los asuntos
que son urgentes no sólo en América Latina, sino en todo el mundo en
desarrollo.
El récord
científico de Brasil entrega lecciones importantes para otros países. En
particular, no sólo se ha demostrado el valor de un compromiso político con
la ciencia desde lo alto, sino también una determinación de asegurar que este
compromiso se convierta en una acción eficaz.
Pero, como
demostró la reunión, Brasil aún enfrenta grandes retos a medida que busca
desarrollar una base científica que pueda enfrentar eficazmente los desafíos
del desarrollo sostenible (no sólo la investigación de alta calidad) y, al
mismo tiempo, prolongar su compromiso con la ciencia más allá del
período de un gobierno en particular.
Su éxito — o
fracaso — en la consecución de ambos objetivos también será seguido de cerca,
al igual que las lecciones que se aprendan en el camino.
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Éxitos significativos
La
popularidad de Lula refleja en parte el éxito de su gobierno en la reducción
de los niveles de pobreza en el país. Desde 2003, por ejemplo, el número de
brasileños que reciben menos de una cuarta parte de lo que el gobierno define
como un salario mínimo ha bajado desde 37,4 millones hasta 19,6 millones. Las
cifras de desempleo también han disminuido considerablemente.
Durante el
mismo período, tanto el número de cupos para estudiantes en universidades
públicas como el número de becas de investigación se duplicaron, mientras que
el financiamiento para la ciencia se ha incrementado desde 1,26 hasta 1,56
por ciento del Producto Interno Bruto del país. El nuevo objetivo propuesto
en la reunión del último mes fue llegar a 2 por ciento durante la
próxima década.
Particularmente
significativo es el hecho de que en los últimos siete años alrededor de
US$400 millones se han dedicado a actividades destinadas a involucrar al
público en la ciencia y la tecnología.
La mitad de
esta suma se ha gastado en los llamados Centros Tecnológicos Vocacionales,
con el objetivo de apoyar a los jóvenes a desarrollar conocimientos técnicos
en algunas carreras. El resto se ha dedicado a actividades de divulgación
científica, incluido el apoyo a las Semanas Nacionales de Ciencia, a centros
científicos y museos y al periodismo científico, ayudando a crear una cultura
de la ciencia de la que depende el desarrollo exitoso.
Desafíos que persisten
Pero la
ciencia brasileña aún se enfrenta a sus propios desafíos. Uno — común a la
mayoría de los países en desarrollo — es la participación relativamente baja
de las empresas privadas en la financiación de la investigación. Muchas de
ellas siguen sin estar convencidas de la necesidad de invertir más en ciencia
e innovación.
Otros retos
constantes serán familiares para otros países del mundo en desarrollo. Estos
incluyen el exceso de burocracia, una infraestructura frágil y las
dificultades para sustituir al personal que se retira de sus puestos en las instituciones
públicas de investigación y las universidades.
Otro problema
que quedó claro en la reunión del mes pasado fue la escasa representación de
mujeres en la ciencia. Menos del diez por ciento de los premios nacionales de
ciencia anunciados durante la conferencia correspondió a mujeres, y aunque su
número ha aumentado significativamente en el mundo de la ciencia en Brasil,
la toma de decisiones en el ámbito de la política científica está todavía
dominada por los hombres.
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Un desafío
diferente, también en común con otras naciones en desarrollo, es la
dificultad de evaluar el impacto de la inversión científica en el desarrollo
de un país, en parte debido a la naturaleza a largo plazo de estas
inversiones y, en parte, dada la falta de instrumentos de evaluación
adecuados.
Además de
todo esto, Brasil enfrenta el desafío de reducir las diferencias regionales
en el apoyo a la ciencia y la tecnología, el que es particularmente
débil en la región amazónica.
Lecciones aprendidas
Pese a estos retos,
el que se haya incluido oficialmente en la agenda del sistema nacional de CyT
de Brasil la necesidad de encontrar mejores formas de aplicar la ciencia a
los objetivos sociales — en otras palabras, fomentar la innovación social —
es un importante paso adelante.
También es
positiva la inclusión de un compromiso por mejorar la aplicación de la
ciencia y la tecnología al desarrollo sostenible, aunque todavía persiste un
considerable desacuerdo sobre el significado de ‘sostenible’.
Pero quizás el
principal mensaje de la conferencia del mes pasado es que una decisión
política, no sólo para hacer de la ciencia una prioridad desde arriba, sino
también para poner en práctica este compromiso, es el único factor que ha
hecho una gran diferencia en Brasil durante la última década .
El discurso
de apertura de Lula en la conferencia reflejó su determinación de que el país
siga avanzando en esa dirección, incluso después de que él se retire a fines
de este año.
A algunos les
preocupa que el resultado de las elecciones pueda llevar a un nuevo período
de incertidumbre sobre la financiación de la ciencia. El resultado podría ser
un retorno a la inestabilidad que enfrentan muchos países del mundo en
desarrollo, a pesar de las buenas intenciones de los ministerios, los
presidentes y los gobiernos (ver Retórica
y vaivenes frenan ciencia latinoamericana).
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Bajo Lula,
Brasil ha demostrado lo que puede lograr un compromiso con la ciencia. La
siguiente lección es que este compromiso no debe limitarse al mandato de un
gobierno, sino convertirse en un objetivo nacional, independientemente de qué
presidente, o incluso qué partido, esté en el poder.
Luisa Massarani es coordinadora
regional de SciDev.Net para América Latina y el Caribe.
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Cortesía de

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