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Boletín N˚ 87 – Octubre 2009
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Complejidad
climática aviva debate sobre enfermedades
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Justine Davies
9 septiembre 2009
Evaluar
cómo afecta el cambio climático a las enfermedades transmitidas por insectos
es complejo y controversial, según Justine Davies.
Es una
idea atractiva con implicancias de gran alcance: el cambio climático podría
propagar a nuevos lugares algunas de las enfermedades infecciosas más
mortales, incrementando su carga en el mundo en desarrollo
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Los modelos climáticos –y por tanto
los modelos de las enfermedades– son inciertos
VETS/UCAR
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La teoría
que ha estado rondando durante décadas, y dando lugar a la elaboración de
modelos para predecir dónde se propagarán las enfermedades infecciosas, y
cuánto aumentarán, ha mantenido a los científicos cada vez más ocupados.
Solamente en 2008 se publicaron 4.000 artículos sobre este tema, y algunos
investigadores han publicado pruebas que sugieren que la invasión ya comenzó.
“La idea
intuitivamente es muy atractiva y se ha extendido”, dice Kenneth Wilson, de
la Universidad de Lancaster en el Reino Unido.
Pero este
año se han escuchado voces discrepantes, que formulan preguntas difíciles
acerca de la calidad de los modelos que están usando los científicos, los
datos que los alimentan e incluso, si los modelos mejorados serán capaces de
predecir cómo reaccionarán las enfermedades al cambio climático.
Crece
la discrepancia
Cuando
Kevin Lafferty envió un artículo a Ecology (el órgano de la Sociedad Ecológica de
América), cuestionando la ortodoxia y sugiriendo que algunas enfermedades
podrían incluso disminuir con el cambio climático, sus revisores expresaron
una enorme preocupación. Las opiniones eran tan sólidas que la Sociedad tomó
una decisión inusual.
A Lafferty —de la Universidad de California, Santa Bárbara,
en los Estados Unidos— se le publicaría su artículo. Pero también se
publicarían las “opiniones contrarias y extremas”, como Wilson describió a
las respuestas de los revisores de Lafferty. El
resultado fueron 46 páginas de discusiones (Ver: Debate erupts over effects
of climate change on disease,
disponible en inglés, francés y chino). La revista considera que el debate es
profundo y tiene implicancias que van más allá del mundo científico,
involucrando a otros profesionales, conservacionistas y diseñadores de
políticas.
“Esto es
debido a las implicancias de financiamiento y a las consecuencias políticas
que podrían generarse por cuestionar la asociación entre el cambio climático
y las enfermedades infecciosas”, señaló Wilson en su introducción al debate
en la revista.
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Los chinches o vinchucas pueden
transmitir la enfermedad de Chagas cuando pican.
Flickr/gauchocat
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Doble modelo, doble problema
Los investigadores están particularmente interesados en las
consecuencias de modelar el cambio climático para las enfermedades
transmitidas por vectores, que incluyen aquellas que transmiten los insectos
como la malaria, la fiebre del dengue, la enfermedad del sueño, la enfermedad
de Chagas y la leishmaniasis. Son transmitidas
a los humanos por los mosquitos, la mosca tse-tsé, los chinches o vinchucas y
los mosquitos flebótomos que se alimentan de sangre. A veces los insectos
transfieren las enfermedades infecciosas entre humanos, y otras veces entre
humanos y otros animales.
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El
problema es doble. Los científicos aún no comprenden las miles de maneras en
las que los patrones climáticos influyen en esta transmisión, por lo tanto
los modelos contienen muchos supuestos, dice Simon
Hay, especialista en estadísticas de enfermedades infecciosas en la
Universidad de Oxford del Reino Unido. Además, opina que los modelos usan
escenarios climáticos futuros, que también se basan en predicciones
“Así que
hay dos grandes fuentes potenciales de error”, afirma.
Los
científicos han desarrollado dos tipos de modelos. El modelo estadístico usa
datos de climas que han ayudado al avance de estas enfermedades en el pasado,
para predecir donde podrían ocurrir en el futuro.
Los
modelos biológicos, de otro lado, consideran de qué manera podría afectar el
cambio climático a los factores complejos involucrados en la transmisión de
enfermedades, por ejemplo la frecuencia de las picaduras y la duración máxima
de vida del vector, o el tiempo que necesita el virus o el parásito para
desarrollarse en su interior.
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Sin una comprensión total de la forma en la que los patrones
del clima afectan las vueltas y revueltas del camino de la transmisión de
enfermedades, sufren los dos tipos de modelos.
Biología desconcertante y estadísticas simplistas
Los
científicos que han construido modelos biológicos se han enfocado básicamente
en la malaria. Sus modelos deben reflejar de qué manera un incremento en la
temperatura o en las lluvias podría afectar a las poblaciones del mosquito.
El
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Los monos son un reservorio de
ciertas enfermedades como la fiebre amarilla.
Flickr/teague_o
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aumento de
las temperaturas también causa que el mosquito se alimente con más
frecuencia, incrementando la posibilidad de que transmita cualquier infección
que carga, explica Menno Bruma, de la Escuela de
Medicina Tropical e Higiene de Londres.
Pero sería
simplista concluir que la malaria aumentará inevitablemente con el
calentamiento global. El parásito es complejo. Tiene fases diferenciadas de
desarrollo en el mosquito y en los humanos, y todavía no podemos entender de
qué manera éstas son afectadas por el cambio climático
Krijn Paaijmansa,
especialista en las dinámicas de las enfermedades infecciosas de la
Universidad del Estado de Pennsylvania en los Estados Unidos, ha demostrado
recientemente que incluso la fluctuación de temperaturas en un solo día tiene
un impacto, y debería ser tomada en cuenta en los modelos.
Cuando el
cambio de clima ofrece grandes diferencias entre las temperaturas del día y
de la noche, el parásito puede pasar muy poco tiempo en aquellas ‘zonas
confortables’ de temperaturas donde se desarrolla rápidamente, y si el
parásito se desarrolla más lentamente dentro del mosquito es posible que,
debido a su corta vida, el mosquito muera antes de que llegue a transmitir la
infección.
Aún hay
muchos más problemas a considerar en las otras enfermedades, como la fiebre
amarilla, que tienen otros reservorios, en los monos.
Los
modelos estadísticos encaran diferentes problemas. Muchos tienen que ver con
desentrañar los efectos del clima de otras influencias.
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¿Qué tan bien pueden evaluar los
modelos el efecto protector de los mosquiteros?.
Flickr/Vestergaard Fransen
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A medida que las temperaturas han aumentado en el pasado,
también lo han hecho otros factores que pueden contribuir a las enfermedades
transmitidas por vectores”, dice Sarah Randolph,
ecóloga de parásitos de la Universidad de Oxford en el Reino Unido. La
población puede haber crecido; también puede haber surgido resistencia a los
fármacos. Si los científicos no pueden aislar los efectos que el clima ha
cumplido en el pasado, tampoco pueden predecir lo que pasará en el futuro.
Incertidumbre climática
La segunda
parte del ‘doble problema’ de los modeladores radica en la incertidumbre de
los propios modelos climáticos en sí mismos.
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“Es
difícil predecir la cantidad de áreas individuales que se calentarán”, señala
Andy Morse, de la Universidad de Liverpool en el Reino Unido. Por ejemplo,
los trópicos experimentarían mucho menos calentamiento en relación con las
latitudes más septentrionales.
Mientras
tanto, subraya Morse, los futuros escenarios de las lluvias, elaborados por
el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por
sus siglas en inglés), son menos consistentes que los escenarios de
temperaturas. Algunos predicen más, y otros menos lluvias, pero en promedio
puede haber pocos cambios.
Es más,
añade Madeleine Thomson, del Instituto
Internacional de Investigaciones para el Clima y la Sociedad, los escenarios
del IPCC muestran simplemente una tendencia a largo plazo dentro de la cual
las fluctuaciones son probables. Podría haber, por ejemplo, una década o más
de enfriamiento superpuesto en una tendencia de calentamiento de largo plazo.
Y hay
otros factores que podrían estar fuera del alcance de muchos modelos. Uno
sencillo pero poderoso es que un protagonista clave en la transmisión de la
enfermedad podría no ser capaz de acomodarse perfectamente en otro lugar.
Norte América tiene un medioambiente adecuado para el mosquito Aedes albopictus,
precisa Randolph, pero el continente no tuvo
presencia del insecto hasta que se vino oculto en un envío de llantas usadas
de Japón.
Incluso si
los protagonistas están presentes, y los modelos predicen con exactitud si
pueden surgir las enfermedades, hay otra capa de complejidad: la
vulnerabilidad a la infección. ¿El modelo evalúa los niveles de infección de
VIH, lo que hace más susceptibles a las personas? se pregunta Thomson. Y, el modelo ¿puede evaluar el efecto protector
de usar mosquiteros, fumigantes y fármacos?
Lafferty, autor
del controvertido artículo en Ecology, sostiene que
incluso las infecciones podrían disminuir si la malaria se desplaza al norte,
hacia los países más desarrollados que están bien preparados para combatir la
enfermedad.
Las
poblaciones varían también en densidad, algo que algunos modelos no toman en
cuenta. Muchos modelos, como el que Randolph
publicó como coautora en la revista Science,
sugieren que la malaria desaparecerá de algunas áreas e invadirá otras, por
lo que habrá pocos cambios generales en el área afectada.
Sin
embargo, si la malaria logra moverse en la forma prevista dentro de las
tierras altas de África, encontrará cien veces más población en menor espacio,
comparado con las áreas secas. “Tendríamos un aumento dramático en los casos
de malaria”, afirma Bouma.
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Demasiado específico para ser útil
Algunos
científicos sostienen que el modelo perfecto probablemente sea imposible, e
incluso podría no ser deseable, porque sería relevante para un área tan
pequeña que podría no ser útil.
“Si se
incluyen demasiados factores en un modelo, sería muy preciso pero demasiado
específico”, explica Andrew Dobson, de la
Universidad Princeton en los Estados Unidos
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Si la malaria se propaga a las
tierras altas de África, encontrará gente viviendo en una densidad cien veces
mayor.
Flickr/Kakenyi
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Por lo
tanto, cuando se consigan modelos sólidos para todos los propósitos ¿no será
demasiado tarde? Dobson rechaza esta idea. “Nunca
es demasiado tarde”, argumenta. “La ciencia de desarrollar modelos para las
enfermedades transmitidas por vectores es relativamente nueva, y está
atrayendo a más y más científicos”.
Algunos
analistas opinan que la solidez de un modelo depende de las preguntas que se
le formulen.
Thomson agrega que
“necesitamos comenzar por conocer para qué preguntas necesitamos respuestas.
En una escala global de largo plazo, los modelos que predicen cambios en las
enfermedades transmitidas por vectores basados en los escenarios del IPCC son
útiles para incitar a los países a hacer algo para mitigar el cambio
climático”.
A ella le
gustaría ver dos cambios en el enfoque de modelización.
“Los
científicos necesitan ponerse de acuerdo en lo que constituye evidencia y
trabajar estrechamente con los climatólogos de manera que puedan entender e
interpretar los datos”.
También
destaca el papel de los países en desarrollo: “Los científicos
internacionales con frecuencia usan solamente productos del clima mundial.
Las agencias meteorológicas nacionales y los científicos locales a menudo
tienen mucha y mejor información local”.
En cuanto
a Wilson, termina su artículo resaltando los temas en los que los científicos
en su mayoría están de acuerdo: que el cambio climático está alterando la
distribución e incidencia de algunas enfermedades infecciosas y continuará
haciéndolo; que aislar la manera cómo influirá el clima en la propagación de
enfermedades es un reto difícil; que es necesario mejorar los enfoques de
datos y modelizaciones; y que los factores intrínsecos a enfermedades
específicas –como la evolución y la inmunidad– también juegan un papel.
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La
pregunta espinosa de cuán importante es el cambio climático en la dinámica de
la distribución de las enfermedades infecciosas necesita dos ingredientes,
según Wilson: discusión informada y el paso del tiempo.
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Cortesía
de

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