|
Esta es una de las conclusiones a las que arriba el
libro "Situación y desempeño
de la agricultura en ALC desde la perspectiva tecnológica",
publicado recientemente por el Área de Tecnología e
Innovación del Instituto Interamericano de Cooperación para la
Agricultura (IICA).
Los
investigadores y autores de la publicación fueron el Director del Área de
Ciencia y Tecnología del IICA, Enrique Alarcón, y los especialistas en este
tema Viviana Palmieri y David Rodríguez, recientemente fallecido.
Luego de presentar un panorama sobre las tendencias
de la producción agropecuaria y la institucionalidad tecnológica (entendida como
políticas, estrategias, normas y organizaciones) existente en América Latina
y el Caribe, analiza la inversión que se realiza en investigación y
desarrollo tecnológico agropecuario, y las capacidades en términos de
recursos humanos dedicados a esta tarea.
En términos generales, se concluye que, si bien
existe institucionalidad tecnológica a nivel nacional, regional e
internacional, "el apoyo al desarrollo de capacidades para la innovación no
ha estado a la altura de las necesidades ni del desafío".
"La región está muy por debajo de los países
tecnológicamente avanzados en indicadores claves de capacidad en ciencia y
tecnología (CyT) e innovación" y existen diferencias significativas entre los
países de la región.
Estas carencias se evidencian en la "subinversión
crónica en investigación y desarrollo" que padecen varios países desde hace
años y en la ausencia de la "masa crítica necesaria para impulsar
efectivamente la innovación tecnológica".
"No se invierte suficiente y tampoco se le saca todo
el provecho a lo que se invierte. Hay que invertir más y mejor, de forma tal
que el resultado de esa inversión tenga un impacto más significativo en
innovación tecnológica, es decir, en el conocimiento del productor para
mejorar la forma en que produce", explicó Viviana Palmieri, especialista del
IICA en tecnología e innovación.
Según los datos recopilados por la iniciativa
Indicadores de Ciencia y Tecnología Agrícola (ASTI) y citados en el
documento, las inversiones en ciencia y tecnología agropecuaria en 15 países
de le región muestran aumentos moderados en términos reales, equivalentes a
un incremento promedio de 1,1% anual entre 1981 y 2006.
Esta tendencia creciente para el total de la región
enmascara las grandes diferencias existentes entre los países de la región,
donde más del 90% de las inversiones corresponden a solo cinco países.
Por otra parte, y según el mismo estudio de ASTI, la
intensidad de las inversiones, o sea su proporción con respecto al producto
agrícola del país, muestra valores cercanos al 1% para el promedio de la
muestra, con un descenso en el 2006 con respecto al 2001.
En este indicador también se dan grandes diferencias
entre los países, con valores superiores a 1,5% en Brasil y Uruguay, pero
inferiores a 0,3% en República Dominicana, Paraguay y Guatemala.
En cuanto a los investigadores, el informe señala la
existencia de 18.650 profesionales dedicados a la investigación agropecuaria
en América Latina y el Caribe y se observó un incremento en la proporción de
profesionales con el grado académico de doctorado y una disminución muy leve
de la proporción de profesionales sin posgrado.
No obstante, incrementar la masa crítica de
investigadores, extensionistas, asistentes técnicos y en general agentes de
innovación sigue siendo una tarea pendiente en la región.
En opinión de Palmieri, la coyuntura actual de
renovado interés político en la agricultura podría generar un ambiente
favorable para generar consciencia y atraer los jóvenes a esta área.
Panorama institucional
A nivel nacional, el estudio evidenció la existencia
de sistemas nacionales de investigación (SINIA) implícitos (no constituidos
formalmente) en la mayoría de los países. Dentro de estos sistemas, los
Institutos Nacionales de Investigación Agropecuaria (INIA) "siguen siendo la
principal fuente de producción de conocimientos y tecnologías como bienes
públicos".
Otro rol muy relevante lo juegan algunas
universidades, no solo en la formación de profesionales en las ciencias
agropecuarias, sino también en la realización de investigaciones e
innovaciones agropecuarias.
La investigación realizada identificó un fenómeno
que ha estado ocurriendo desde hace dos años dentro de estos sistemas, y que
tiene como propósito llenar el vacío que se produjo -sobre todo para la
agricultura de pequeña escala- con el desmantelamiento de los sistemas de
transferencia de tecnología y extensión en varios países. Se trata de los
renovados intentos por fortalecer o rediseñar estos sistemas y, en algunos
casos, vincularlos más estrechamente con la investigación.
Es en este contexto que han surgido redes sociales
de innovación tecnológica y programas para la agricultura familiar. En
opinión de Palmieri, el fin último de estos cambios es "adaptar las
instituciones para que respondan a los desafíos y al objetivo final que estas
persiguen: mejorar la toma de decisiones tecnológicas en el campo".
Al respecto, la publicación recomienda promover la
inclusión más explícita de políticas y marcos institucionales de fomento al
desarrollo de sistemas nacionales de innovación tecnológica, que sean más
incluyentes de los actores, de los diferentes sistemas productivos y de las
diversas fuentes del conocimiento, y que cuenten con mejores vínculos con la
sociedad en general.
Considera, además, que
debe incluirse explícitamente el componente de combate contra la pobreza en
políticas y programas de investigación e innovación tecnológica porque el
principal reto que enfrenta la innovación tecnológica es el de "contribuir
con la seguridad alimentaria, sobre todo en su componente de disponibilidad
de alimentos y acceso a ellos".
En cuanto a los mecanismos regionales, el informe
aborda los Programa cooperativo de investigación y transferencia de
tecnología agropecuaria (PROCI), los centros regionales de investigación,
como el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) y el
Instituto de Investigación y Desarrollo Agrícola del Caribe (CARDI, por sus
siglas en inglés), el Foro Regional de Investigación y Desarrollo Tecnológico
(FORAGRO), el Fondo Regional de Tecnología Agropecuaria (FONTAGRO), el Grupo
Consultivo de Investigación Agrícola Internacional (CGIAR, por sus siglas en
inglés) y el Foro Global de Investigación Agrícola (GFAR, por sus siglas en
inglés).
Este
tipo de institucionalidad se orienta al intercambio de información, el
desarrollo de proyectos regionales de investigación y la provisión de
capacitación no formal. En opinión de los autores, debe seguirse
fortaleciendo e incentivando estas y nuevas formas de alianzas entre sí.
Para mayor información
con Viviana Palmieri, IICA viviana.palmieri@iica.int
|