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Boletín N˚ 86 – Setiembre 2009

 

Tecnología e innovación agropecuaria

Aprovechar la coyuntura para hacer mejoras

 

·         Publican investigación titulada “Situación y desempeño de la agricultura en ALC desde la perspectiva tecnológica”.

 

Carolina Ruíz, Información Pública, IICA

informacion.publica@iica.int

 

 

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Si algo bueno se puede rescatar de la crisis en los precios de los alimentos que sacudió al mundo en el 2008, es que encendió los reflectores sobre la agricultura y la seguridad alimentaria, un sector que por años fue relegado y desmantelado por los gobiernos del hemisferio.

 

Hoy, el nuevo protagonismo adquirido por la agricultura puede generar, en algunos países, una mayor voluntad política para invertir en el sector, incluidas las instancias públicas dedicadas a la investigación y desarrollo tecnológico.

 

Esta es una de las conclusiones a las que arriba el libro “Situación y desempeño de la agricultura en ALC desde la perspectiva tecnológica”, publicado recientemente por el Área de Tecnología e Innovación del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

 

Los investigadores y autores de la publicación fueron el Director del Área de Ciencia y Tecnología del IICA, Enrique Alarcón, y los especialistas en este tema Viviana Palmieri y David Rodríguez, recientemente fallecido.

 

Luego de presentar un panorama sobre las tendencias de la producción agropecuaria y la institucionalidad tecnológica (entendida como políticas, estrategias, normas y organizaciones) existente en América Latina y el Caribe, analiza la inversión que se realiza en investigación y desarrollo tecnológico agropecuario, y las capacidades en términos de recursos humanos dedicados a esta tarea.

 

En términos generales, se concluye que, si bien existe institucionalidad tecnológica a nivel nacional, regional e internacional, “el apoyo al desarrollo de capacidades para la innovación no ha estado a la altura de las necesidades ni del desafío”.

 

“La región está muy por debajo de los países tecnológicamente avanzados en indicadores claves de capacidad en ciencia y tecnología (CyT) e innovación” y existen diferencias significativas entre los países de la región.

 

Estas carencias se evidencian en la “subinversión crónica en investigación y desarrollo” que padecen varios países desde hace años y en la ausencia de la “masa crítica necesaria para impulsar efectivamente la innovación tecnológica”.

 

“No se invierte suficiente y tampoco se le saca todo el provecho a lo que se invierte. Hay que invertir más y mejor, de forma tal que el resultado de esa inversión tenga un impacto más significativo en innovación tecnológica, es decir, en el conocimiento del productor para mejorar la forma en que produce”, explicó Viviana Palmieri, especialista del IICA en tecnología e innovación.

 

Según los datos recopilados por la iniciativa Indicadores de Ciencia y Tecnología Agrícola (ASTI) y citados en el documento, las inversiones en ciencia y tecnología agropecuaria en 15 países de le región muestran aumentos moderados en términos reales, equivalentes a un incremento promedio de 1,1% anual entre 1981 y 2006.

 

Esta tendencia creciente para el total de la región enmascara las grandes diferencias existentes entre los países de la región, donde más del 90% de las inversiones corresponden a solo cinco países. 

 

Por otra parte, y según el mismo estudio de ASTI, la intensidad de las inversiones, o sea su proporción con respecto al producto agrícola del país, muestra valores cercanos al 1% para el promedio de la muestra, con un descenso en el 2006 con respecto al 2001.

 

En este indicador también se dan grandes diferencias entre los países, con valores superiores a 1,5% en Brasil y Uruguay, pero inferiores a 0,3% en República Dominicana, Paraguay y Guatemala.

 

En cuanto a los investigadores, el informe señala la existencia de 18.650 profesionales dedicados a la investigación agropecuaria en América Latina y el Caribe y se observó un incremento en la proporción de profesionales con el grado académico de doctorado y una disminución muy leve de la proporción de profesionales sin posgrado.

 

No obstante, incrementar la masa crítica de investigadores, extensionistas, asistentes técnicos y en general agentes de innovación sigue siendo una tarea pendiente en la región.

 

En opinión de Palmieri, la coyuntura actual de renovado interés político en la agricultura podría generar un ambiente favorable para generar consciencia y atraer los jóvenes a esta área.

 

Panorama institucional

 

A nivel nacional, el estudio evidenció la existencia de sistemas nacionales de investigación (SINIA) implícitos (no constituidos formalmente) en la mayoría de los países. Dentro de estos sistemas, los Institutos Nacionales de Investigación Agropecuaria (INIA) “siguen siendo la principal fuente de producción de conocimientos y tecnologías como bienes públicos”.

 

Otro rol muy relevante lo juegan algunas universidades, no solo en la formación de profesionales en las ciencias agropecuarias, sino también en la realización de investigaciones e innovaciones agropecuarias.

 

La investigación realizada identificó un fenómeno que ha estado ocurriendo desde hace dos años dentro de estos sistemas, y que tiene como propósito llenar el vacío que se produjo –sobre todo para la agricultura de pequeña escala– con el desmantelamiento de los sistemas de transferencia de tecnología y extensión en varios países. Se trata de los renovados intentos por fortalecer o rediseñar estos sistemas y, en algunos casos, vincularlos más estrechamente con la investigación.

 

Es en este contexto que han surgido redes sociales de innovación tecnológica y programas para la agricultura familiar. En opinión de Palmieri, el fin último de estos cambios es “adaptar las instituciones para que respondan a los desafíos y al objetivo final que estas persiguen: mejorar la toma de decisiones tecnológicas en el campo”.

 

Al respecto, la publicación recomienda promover la inclusión más explícita de políticas y marcos institucionales de fomento al desarrollo de sistemas nacionales de innovación tecnológica, que sean más incluyentes de los actores, de los diferentes sistemas productivos y de las diversas fuentes del conocimiento, y que cuenten con mejores vínculos con la sociedad en general.

 

Considera, además, que debe incluirse explícitamente el componente de combate contra la pobreza en políticas y programas de investigación e innovación tecnológica porque el principal reto que enfrenta la innovación tecnológica es el de “contribuir con la seguridad alimentaria, sobre todo en su componente de disponibilidad de alimentos y acceso a ellos”.

 

En cuanto a los mecanismos regionales, el informe aborda los Programa cooperativo de investigación y transferencia de tecnología agropecuaria (PROCI), los centros regionales de investigación, como el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) y el Instituto de Investigación y Desarrollo Agrícola del Caribe (CARDI, por sus siglas en inglés), el Foro Regional de Investigación y Desarrollo Tecnológico (FORAGRO), el Fondo Regional de Tecnología Agropecuaria (FONTAGRO), el Grupo Consultivo de Investigación Agrícola Internacional (CGIAR, por sus siglas en inglés) y el Foro Global de Investigación Agrícola (GFAR, por sus siglas en inglés).

 

Este tipo de institucionalidad se orienta al intercambio de información, el desarrollo de proyectos regionales de investigación y la provisión de capacitación no formal. En opinión de los autores, debe seguirse fortaleciendo e incentivando estas y nuevas formas de alianzas entre sí.

 

Para mayor información con Viviana Palmieri, IICA viviana.palmieri@iica.int

 

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