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Producir con menos tierra y menos costos económicos
y ambientales es la promesa que las nuevas agrobiotecnologías están logrando
cumplir, luego de 13 años de ser aplicadas en diferentes países del mundo.
Así lo afirmó en Costa Rica el Presidente del Consejo de Administración del
Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA), Clive
James.
El experto mundial participó este 9 de setiembre en
el Foro "El Panorama Mundial de los Cultivos
Biotecnológicos/Genéticamente Modificados y sus Perspectivas Futuras",
organizado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura
(IICA).
Una investigación del ISAAA, dijo James, reveló que
el beneficio económico obtenido por la agrobiotecnología entre 1996 y 2007
suma US$44 mil millones. De este monto, el 44% fue generado por los
incrementos de rendimiento y el 56% por la reducción de costes de producción.
De acuerdo con James, la agrobiotecnología permite
producir más cantidad de alimentos en menos tierra. Así, se protege el suelo
y el agua y se ahorran costos ambientales al reducir la cantidad de
pesticidas aplicados.
Aunque reconoce que no es una panacea, considera que
en un contexto de más demanda de alimentos, menos tierra para cultivarlos e
incertidumbre ante las repercusiones del cambio climático, la
agrobiotecnología puede ser una respuesta a estos desafíos.
Por su parte, Enrique Alarcón, Director del área de
Tecnología e Innovación del IICA, quien inauguró el Foro, aseguró que "la agrobiotecnología puede impactar
positivamente la producción agropecuaria, su rendimiento, el aprovechamiento
de la riqueza genética y, en general, la prosperidad rural".
Para ambos, la biotecnología es una contribución a
la reducción del hambre, pero no "la" solución. Alarcón insistió en que la biotecnología es
una tecnología importante pero no la única.
En cifras
Al 2008, sumaron 25 los países que decidieron
adoptar los cultivos biotecnológicos, 10 de ellos en el continente americano:
Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos de América,
Honduras, México, Paraguay y Uruguay. De acuerdo con James, al 2015 serán 40
los países que apliquen la agrobitecnología en todo
el mundo.
En hectáreas, el área global de cultivos
biotecnológicos a nivel mundial en el 2008 fue de 125 millones de hectáreas,
10,7 millones de hectáreas más que en el 2007, lo que representa un
incremento de 9,4%. Para el 2015, se estima que el área mundial cultivada con
productos biotecnológicos alcanzará los 200 millones de hectáreas.
James informó que en el 2008, el número de
agricultores biotecnológicos aumentó en 1,3 millones hasta alcanzar la cifra
de 13,3 millones, el 90% de los cuales (12,3 millones) son agricultores
pequeños y pobres de países en desarrollo. James estima que en el 2015 serán
más de 20 millones de agricultores biotecnológicos en todo el mundo.
Tareas pendientes
Para James,
uno de los principales desafíos que enfrenta la actividad agrobiotecnológica
es contar con sistemas normativos responsables, eficientes y adecuados sobre
este tema en los países, particularmente
en aquellos en desarrollo.
En su opinión, los desafíos mundiales que enfrenta
el sector agropecuario están haciendo crecer la voluntad política en torno a
los cultivos biotecnológicos y "conforme más difíciles se vuelvan los
retos, más se incrementará esta voluntad".
Similar criterio manifestó Alarcón, al señalar que,
aunque América Latina tiene capacidad instalada en investigación, se requiere
aumentar la intensidad de inversiones en este tema e incorporarlo más
efectivamente en las políticas de Estado y en las políticas regionales.
También considera necesario involucrar mucho más al sector privado de la
región en el desarrollo de agrobiotecnologías.
James destacó, además, la importancia de motivar la
cooperación sur-sur. Dijo que son cinco los países líderes en el tema de
cultivos biotecnológicos: China, India, Brasil, Argentina y Sudáfrica.
"Ellos son los países del sur que pueden liderar este tipo de
cooperación", afirmó.
En su opinión, otra tarea pendiente es generar,
recopilar y compartir información científica y verificable que sea útil para
la toma de decisiones en los países.
Al respecto, Bryan Muñoz, especialista en
biotecnología y bioseguridad del IICA, señaló que mediante este tipo de
actividades, el Programa en Biotecnología y Bioseguridad del Instituto
promueve la discusión y articula esfuerzos para proveer información y
promover el diálogo entre sus 34 Estados Miembros.
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